"TIEMPO PARA LA VIDA": Artigo de Jorge Richmann sobre a nova cultura da sustentabilidade e a necesaria revisión da cultura do tempo. Moi bonito, moi filosófico. Reproduzo so a parte adicada ás slow citties, pero vale a pena leelo todo
"En la estela de la comida lenta se fundó, diez años después, un movimiento de ciudades lentas. En efecto, en octubre de 1999 nace en Italia el movimiento de las Slow Cities (ciudades lentas), o, en itanglish, CittaSlow, es decir, las pequeñas ciudades adscritas a la filosofía del Slow Food. En Orvieto, a poco más de una hora de Roma, como en Bra (Piamonte), cuartel general del Slow Food, como en la pequeña Greve del Chianti, que se alza entre las suaves colinas de la Toscana, o en la más tumultuosa Positano (al sur de Nápoles), ciudades pioneras de la iniciativa Slow Cities, se cultivan las tradiciones, pero se fomenta la experimentación tecnológica de energías renovables y nuevos modos de explotación turística. El transporte público no contaminante gana terreno al coche privado, las zonas verdes aumentan sin prisa pero sin pausa, lo mismo que las zonas peatonales. Los ayuntamientos que se han adherido al modelo financian proyectos de investigación, ofrecen créditos a quienes se deciden a recuperar y restaurar edificios tradicionales, sostienen a los comerciantes y fabricantes de productos autóctonos, privilegian los restaurantes y tiendas que sirven y venden productos locales naturales, y, sobre todo, fomentan una comunicación mayor con los ciudadanos, de los que reclaman iniciativas y opiniones. "



Nos xa eramos unha slowcity ate que chegou aquel que iba a levantar Ortigueira, e poñela na autopista do progreso. Mais a peaxe pagamola todos: suba de impostos, pisos a 150.000€, servizos deficientes, corrupcion municipal, nepotismo, expropiacións, espectaculos televisivos, mais perto do modelo Gil- Julia Muñoz que representa Marbella que do que defenden as xentes que so queren traballar e disfrutar do que teñen.
Imos camiño de afastarnos cada vez mais do modelo de sustentabilidade se deixamos que sexan os especuladores os que decidan sobre o destiño da nosa vila