Comparando novamente o desenvolvemento urbanístico actual cun cancro no territorio:
Artigo de Gerardo Roger Fernández, arquitecto, profesor e membro del Instituto Pascual Madoz de la Universidad Carlos III (EL PAÍS, 12/05/07):
Uno de los fenómenos urbanos actuales más controvertidos y rechazados socialmente junto a la corrupción y a la especulación del suelo, es el desaforado desarrollo urbanístico que viene aconteciendo en España, sobre todo en la última década. Cierto es que no ocurre con la misma intensidad ni con el mismo modelo en todas las latitudes, pero la imagen social del mismo es la de rechazo generalizado.
Que ese desarrollo se puede valorar, cuando menos como desproporcionado, lo demuestra un explícito indicador: la “velocidad” que viene caracterizando la ocupación del suelo por la urbanización ocasionaría, de mantenerse, la duplicación en el plazo de 10 años de todo el suelo urbanizado “desde los romanos hasta hoy” (datos del Observatorio Nacional de Sostenibilidad de España).
Pero la gravedad del problema no está tanto en la cantidad, que también, sino y sobre todo, en la “cualidad” del modelo de ocupación. La exacerbada demanda ocasionada por la consideración del suelo como activo financiero -entre otras razones-, junto a la nefasta concepción del “todo urbanizable” y la enervada competitividad entre municipios para acoger actuaciones urbanizadoras (cuanto más “importantes” mejor) que posibilitaran presumibles generaciones de riqueza y empleo y una subida en el ranking urbano que les permitiera “colocarse en el mapa”, ocasionaron la ruptura de las exclusas del planeamiento urbanístico. Y abrieron el territorio a la implantación de actuaciones dispersas, normalmente de baja densidad, inconexas con la ciudad preexistente; que, sobre la coartada, en ocasiones, de la defensa de un sedicentemente “moderno” modelo polinuclear pretendidamente compaginador de la antinomia campo-ciudad, emboscan un modelo de cittá sconfinatta (sin confines) totalmente extraña a la ciudad compacta mediterránea. Es un modelo territorial metastático que se desarrolla discontinua y desreguladamente sobre el territorio, que lo hace tributario fundamentalmente del transporte privado y del exacerbado consumo energético; un modelo que invade “tumoralmente” un recurso escaso e insustituible como es el suelo natural, mientras que, paradójicamente, se margina y se abandona la ciudad histórica preexistente, generándose un doble e irresponsable despilfarro: el del suelo natural y el del urbano existente
Ilustración de "La fiebre de Urbicanda" de Peeters e Schuiten



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