Ovo ou galiña: O comercio rural esmorece porque esmorecen as aldeas ou o rural perde vida porque o fan as súas actividades tradicionais, entre elas o comercio. Posiblemente ambas cousas sexan certas. A Consellería de Innovación e Industria pensa que é posible reactivar o rural apoiando ao sector comercio posto que non só constitúe unha actividade económica mais senón que é un reforzo na dotación de servicios destas comunidades. Con ese fin promove a campaña de creación da rede de comercio rural galego que ten por obxectivo a recuperación de establecementos comerciais do ámbito rural aplicando unha estratexia de adaptación ás novas formas de consumo para mellorar a viabilidade e as expectativas de futuro destes locais.
Unha das finalidade perseguidas, ademais de asegurar o abastecemento de productos de primeira necesidade nas parroquias sería a de dar saída aos productor locais , particularmente de cultivo ecolóxico e artesanía tradicional, e a de garantir un servicio de calidade. A campaña vai acompañada da creación do selo “Comercio Rural Galego” como garantía de calidade dos productos alí vendidos. Con isto se busca tamén atraer a este ámbito novos clientes aos que se lles ofrecería tamén outros servicios, como por exemplo un punto de información turística.
A Consellería está disposta a facer unha importante inversión nos establecementos que decidan adherirse á rede; a cambio, estes deberán cumprir aos condicionados impostos e someterse a rigorosas auditorías nas que se comprobará que se cumpre cos compromisos adquiridos para recibir as axudas.
A iniciativa é atractiva, tamén o parecen os catro locais da rede que están xa en funcionamento (aparecen na web da Consellería). Non cabe dúbida que os núcleos que se beneficien dun local semellante dispoñerán dun plus de servicio e de calidade na súa pequena localidade e, sen atribuírlle a condición de panacea, tamén pode ser un aliciente mais para atraer a novos veciños ás parroquias dispostos a emprender a vida no rural. Todo conta.



La idea es genial, aunque la tendencia es a cerrar los pocos que sobreviven de la tipica taberna-ultramarinos y supongo, que deberían reactivar con ayudas para los que sobreviven con el agua hasta el cuello.
Por otra parte el objetivo más alentador debería de ser para los llamados alternativos que han elegido en esa opción del retorno del campo a la ciudad, pero en la gran mayoría de los casos se trata de gentes que con restaurar una vivienda ya se dejan sus ahorros hipotecados en la misma y si abrir un comercio en los nucleos urbanos es un gran riesgo y aventura en la que la mayoría tiene problemas para su sostenimiento, para cuanto más con la artesanía que no se vende ni en las grandes concetraciones de gentes con ciertas inquietudes.
Creo que la unica posible salida es el restaurante-mesón que en algunos casos sigue funcionando bien. La artesanía es algo marginal e insostenible que no le da para vivir ni a una sola persona, para contri más a una familia.
Además, por entonces y si no han cambiado los de la Chunta, ellos no quieren producciones artesanales, sino pequeñas industrias mecanizadas con gran producción seriada por un tubo y esas actividades, eran las subvencionadas; los pobres eran descartados por la vía de ignorarlos sin siquiera contestar. Bien lo dicen, quieren beneficios e impuestos que contribuyan a la riqueza, pero la artesanía es de otros tiempos ya pasados y hay que malvivirla, pasar muchas necesidades y aprietos y pagar en las ferias un ojo de la cara para los montajes de los casetos en donde las politicas y el desinterés total de los ayuntamientos implicados es mayúsculo.
En tiempos de dictadura las ferias eran gratuitas y se daba margen al artesano y sobre todo, promoción. Con la democracia llegaron los impuestos, el trato de empresario sin distinción y el cierre definitivo de los talleres en cadena de producciones que habían sobrevivido durante muchísimos siglos, hasta que entramos en la llamada Europa. Hoy si queremos artesanía de la buena hay que irse a África, Latinoamérica y en general a paises del llamado tercer mundo y cada vez, son más los artesanos que hacen reventa mezclando con sus productos para sobrevivir de la manufacturación fabril.
Eso es lo que pienso y el presupuesto por familia en artesanía es cero, en literatura cada vez menos y en música se bajan de internet lo que haga falta. Uno de los síntomas de la modernización de los países es la destrucción de la cultura tradicional a todos los niveles.